A tan solo cincuenta minutos de la capital queretana y a hora y media de la Ciudad de México, el Hotel Hacienda La Muralla se consolida como una de las propuestas de hospedaje más singulares y disruptivas del Bajío. Esta emblemática propiedad del siglo XVIII, que reabrió sus puertas en julio de 2025 bajo la gestión de Opertur Turística S.A. de C.V., ha completado un minucioso proceso de renovación en sus más de ciento veinte habitaciones, áreas comunes, restaurante y alberca. El resultado es un concepto donde la Revolución Mexicana no es un recuerdo estático, sino una experiencia inmersiva y vibrante que se respira en cada uno de sus rincones.
Diez hectáreas de historia viva y entretenimiento interactivo
Lo que distingue a La Muralla de cualquier otra opción de descanso en el país es su carácter como el primer y único hotel temático dedicado a la Revolución Mexicana. Sus más de diez hectáreas de extensión funcionan como un escenario vivo. Un elenco de actores revolucionarios caracterizados recorre los jardines históricos, interactúa con los huéspedes, organiza dinámicas tradicionales como loterías y subastas, y conduce emotivas noches de leyendas al calor de la fogata nocturna. De este modo, la propiedad —que en el pasado operó como una próspera hacienda ganadera y fue testigo silencioso del movimiento armado— transforma el descanso en un viaje cronológico interactivo.
El corazón social y familiar de la hacienda
El diseño del servicio en la nueva administración equilibra perfectamente el entretenimiento con el confort contemporáneo. Para las familias, el hotel ofrece de forma gratuita el Club Infantil La Haciendita, un espacio lúdico para menores de diez años que permite a los padres disfrutar del bar o de una caminata tranquila sin culpas. Asimismo, la majestuosa alberca techada y climatizada opera como el epicentro de convivencia durante todo el año, complementada con actividades al aire libre como senderismo y paseos a caballo entre campos que huelen a tierra mojada.
Gastronomía y arraigo local en el Pueblo Mágico
Ubicado en el Pueblo Mágico de Amealco de Bonfil —distinguido con este título desde 2018 gracias a su naturaleza generosa, ecoturismo y cultura otomí—, el hotel actúa como un verdadero embajador de su entorno. Los domingos, el restaurante se transforma con su célebre Festival del Mole, una jornada donde el mole de guajolote y la cocina tradicional queretana convocan en las mismas mesas largas tanto a los huéspedes como a las propias familias amealcenses que visitan los jardines tras la misa dominical. Esta integración orgánica demuestra que la hacienda no imita a un pueblo, sino que pertenece activamente a su comunidad, dotando al proyecto de un alma auténtica y cercana.



